Ruta Dehesa del Generalife

El pasado domingo 21 de febrero nos estrenamos con la primera actividad del año, la primera de muchas, una ruta por el parque periurbano de la Dehesa del Generalife.

La verdad es que para nosotros ha sido una experiencia increíble y nos ha llenado de ánimo y energía para seguir preparando actividades con mucha ilusión y poder compartirlas con todos vosotros.

Los tres monitores fuimos acompañados de un grupo de once personas que hicieron que la ruta fuera inolvidable, gente de distintas edades y formaciones pero con muchas ganas de aprender y sobre todo con mucho amor a la naturaleza. Quedamos a las diez de la mañana en la parada de las líneas C4/C7 que se encuentra al lado del cementerio y, tras reunirnos todos, pusimos nuestras botas en marcha dispuestos a adentrarnos en el patrimonio cultural, natural e hidráulico que el entorno nos ofrecía. Tras unos minutos en Los Albercones, donde hicimos nuestra primera parada, llegamos al sistema defensivo de la Silla del Moro en el que, entre “picores” y risas, aprendimos los nombres de todos. Después de conocer un poco mejor el lugar con sus leyendas y curiosidades seguimos el itinerario que nos iría descubriendo un peculiar pino, un castillo casi escondido, una alberca y un aljibe que hace cientos de años ya aportaron agua a los que allí moraron.

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Carmen guía la dinámica “Me pica” para conocernos todos.

Llenos de la magia y la historia de lugar hicimos una parada en el merendero, un descanso en el que pudimos charlar, comer, reír y conocernos un poco más; recargados de energía echamos de nuevo nuestras botas a andar, nos detuvimos a contemplar la belleza del Albaicín y el Sacromonte desde el mirador que nos estaba esperando y nos dirigimos a una zona donde el agua es la protagonista, estamos hablando de un ramal de la Acequia Real. Aquí la vegetación cambia y es hábitat de distintos animales entre los que destacamos a nuestros amigos los sapos que ese día estaban tímidos y no se dejaron ver, pero pudimos contemplar las puestas de huevos que allí habían dejado. Estábamos llegando casi al final de nuestra ruta, tras separarnos en dos grupos unos volvieron al punto de partida a recoger sus coches y otros bajamos hasta la Fuente del Avellano, allí, con una última leyenda agridulce dimos por finalizada una mañana espléndida tanto por el tiempo que nos hizo como por la compañía que tuvimos.

                                      Gracias a todos por hacerlo posible, una vez más,                                                                 los que vamos con la intención de dar somos los que más recibimos.

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Disfrutando las vistas

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Laura nos la importancia de las construcciones asociadas al agua en este lugar, como es el caso del Aljibe de la Lluvia

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¡Hora de almorzar!

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Carmen nos cuenta la historia del Albaicín y el Sacromonte

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Una pequeña habitante de La Dehesa vino a despedirnos